
* MICHAEL J. ARD: es segundo secretario, sección política, embajada de los E.E.U.U., Caracas, Venezuela. El Dr. Ard ha servido como analista político para el gobierno de los E.E.U.U. desde 1997.
http://www.culturewars.com/CultureWars/Archives/cw_recent/legalization.html
Los Reyes de
Una investigación sobre su
papel en las guerras de culturas
¿Quiénes son los que claman por la
despenalización de los narcóticos ilegales y cuales son sus objetivos reales?
Las respuestas lo
sorprenderán.
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* Por Michael J. Ard
Siendo un niño en edad preescolar en su Nueva Orleans natal, vio con horror cómo un vecino se pinchaba el brazo con una dosis de heroína. Y a medida que crecía, se sucedieron escenas aun más terribles: apuñalamientos por motivos de drogas, peleas con armas de fuego y las muertes de amigos por sobredosis. Su barrio, French Quarter, dejó de ser un lugar abierto y amigable y se convirtió en una especie de prisión inversa, en la cual la gente decente se encerraba tras las rejas de sus ventanas y puertas mientras los delincuentes y adictos deambulaban libremente.
"Esto
es lo que me formó realmente”, dice Wayne J. Roques, actualmente un experto de
Por lo tanto, las preguntas que debemos hacernos son las siguientes: 1)¿De dónde sacan su fuerza los reyes de la legalización? y 2)¿Cuáles podrían ser las razones que sostienen su fuerza? ¿Esperan lograr algo más que la legalización? Con el despido de la inspectora general de sanidad Joycelyn Elders el 8 de diciembre de 1994, el movimiento a favor de la legalización de las drogas perdió a una de sus voceras más visibles. Elders, con su discurso sincero sobre educación sexual, anticoncepción y legalización de drogas permitió a los interesados en el tema ver cómo se relacionaban esencialmente estos asuntos. Probablemente no es mera coincidencia que estas posiciones –aparentemente inconexas- las sostengan las mismas personas, generalmente políticos de izquierda. La pérdida del puesto de Elders en el Congreso no implica que haya decrecido la amenaza que suponen los defensores de la legalización. Sus ideas podrían fácilmente encontrar refugio entre muchos miembros republicanos del Congreso gracias a su apego por las ideas libertarias.
La
legalización es defendida por una serie de personas y fundaciones con agendas
variadas que bien podrían considerarse como una “contra hegemonía”, según la
idea del teórico comunista italiano Antonio Gramsci, un genio de la estrategia
cuya obra debería ser familiar a todo guerrero cultural, tanto a los buenos
como a los malos. La misión de estos reyes gramscianos es cambiar las actitudes
dentro de la cultura de la hegemonía dominante, y no necesariamente derrocar al
orden político de forma inmediata. Esto, entienden ellos, llegará naturalmente
luego de la eliminación de las ideas tradicionales de la cultura dominante.
Hasta que esto suceda, los gramscianos llevan adelante su transvaluación de los
valores que operan dentro de las instituciones educativas, los medios de
comunicación, el entretenimiento, etc. Si bien algunos de sus seguidores
preferirían la “guerra de maniobras”, esto es, según definición de Gramsci, un
esfuerzo por garantizar los fines por medio de un asalto frontal, la estrategia
dominante en el movimiento de legalización parece ser una “guerra de
posiciones”, la lenta y constante construcción de redes dentro de la cultura
dominante.
Los defensores de la legalización
se presentarán todo el tiempo como personas prudentes con las cuentas fiscales,
defensores de los derechos civiles, sensibles a la ola de violencia en aumento.
Sus soluciones prometen resolver una serie de males, desde la superpoblación
carcelaria y los tiroteos desde automóviles, hasta las relaciones
internacionales con los estados de América Latina. A través de estos esfuerzos
tratan de manipular a la opinión pública hacia un nuevo “sentido común” en lo
referente a la legalización de drogas. Yo mismo fui testigo de la exaltación de
estos argumentos en una conferencia nacional de
Pero
antes de ocuparnos de las preguntas, echemos un vistazo a sus argumentos
típicos y a las falacias que conllevan para luego ocuparnos del tema realmente
importante del fin gramsciano. El argumento de la legalización en pocas palabras:
en general, los defensores de la legalización parten de ciertos presupuestos
incuestionables. El primero, especialmente popular desde las presidencias de
Reagan y Bush, es que Estados Unidos está “perdiendo la guerra contra la
droga”. El segundo es que una “prohibición” es una violación a los derechos
humanos, no importa si lo que se prohíbe es el alcohol o las drogas. El tercero
es que es la guerra contra las drogas y no las drogas mismas lo que está
causando violencia y delitos. Por último, la guerra contra las drogas es
intrínsicamente racista ya que desde la llegada de las primeras drogas
peligrosas a Estados Unidos, la guerra se ha orientado casi exclusivamente a
grupos de inmigrantes. Ciertamente, todos estos presupuestos pueden refutarse
con una cantidad de hechos igualmente impresionantes.
Pero los reyes de la legalización no confrontan las posturas contrarias; simplemente las ignoran. Si se toman por ciertas suposiciones dudosas, la legalización se convierte en la solución simple para una sociedad más libre y justa. Disminuiría los delitos en nuestras ciudades. Eliminaría la necesidad de "mafias" para la distribución. Nos permitiría combatir mejor a enfermedades como el VIH que a veces se contagia con el uso compartido de jeringas. Protegería nuestras libertades civiles al reducir la necesidad de requisas policiales, control de carreteras, análisis de orina aleatorios, etc. Demostraría piedad por los enfermos, ya que facilitaría el acceso a las drogas ilegales que pudieran tener cierto valor medicinal, como la marihuana para el glaucoma y para los enfermos de SIDA. Mejoraría nuestras relaciones con los países productores de drogas como Perú y Colombia, porque ya no estaríamos violando su soberanía al insistir en la erradicación de plantaciones y cosas similares. Y, para aquellos preocupados por el aspecto fiscal, nos permitiría transferir los recursos que se usan para la interdicción de drogas para fines más humanitarios, como la educación o tratamientos. En cierto modo, es tan atractivo como el comunismo hace algunos años. Solucionará los problemas del mundo y traerá la utopía a la tierra.
La
dificultad está en los temas que los defensores de la legalización evitan tan
cuidadosamente. Rechazan el debate sobre por qué se penalizó la droga en primer
lugar, por qué la prohibición del alcohol fue esencialmente un éxito para la
salud pública, por qué es posible calcular la disuasión criminal solo cuando
está ausente la ejecución, y quizás lo más importante, cómo será en realidad su
mundo feliz de la despenalización. Al igual que los comunistas, siguen siendo
imprecisos en cuanto a cómo se alcanza la utopía – son destructores, no
creadores. Por ejemplo, su “sentido común” dedica poca atención al problema
real de las drogas después de la legalización. ¿El abastecimiento de drogas se
dejará en manos del mercado libre o bajo un estricto control gubernamental? Y,
si se queda en manos del mercado libre, ¿como se evitará la competencia
violenta por la distribución? Si el control recae en el gobierno, ¿cómo
evitarían el mercado negro? Las políticas de drogas “de eso no se pregunta/no
se habla” de Holanda y Suiza son a los reyes de la legalización lo que
Puede encontrarse un ejemplo de
este modo de pensar en un artículo publicado en 1989, "¿Por qué
despenalizar?” escrito por Arnold Trebach, presidente de
La
presión para tomar medidas también podría provenir de otros miembros de
En una nota fuertemente descriptiva pero, desde mi punto de vista con una lógica bizarra, publicada en la revista jesuita América, Daniel M. Perrine retrata la vida de algunos adictos jóvenes en un área segura de Rotterdam llamada Plataforma Cero. Adoptando la postura de los defensores de la legalización, Perrine nos demuestra que estos jóvenes consumidores de drogas inyectables, que se pinchan las venas del brazo o del cuello sin ninguna precisión, solo se están rebelando contra la alienación de la cultura dominante. En realidad, necesitamos de estas víctimas desamparadas en áreas de gran visibilidad para educar a otros a partir de su locura. Siguiendo esta lógica, deberíamos reservar algunos edificios en el centro de la ciudad para que los suicidas salten y así se transformen en un recordatorio viviente de que quitarse la vida podría ser peligroso para la salud. La lectura de esta nota lleva naturalmente a la pregunta que nunca se hace Perrine: ¿No podemos hacer que estos chicos dejen de matarse?
Los
partidarios de la legalización generalmente limitan su discusión a la
despenalización de drogas como la marihuana, cocaína o quizás la heroína, pero
rara vez se atreven a debatir sobre las drogas de “diseño” como la heroína
sintética fentinal, que se dice tiene un efecto mil veces mayor que la heroína
de la calle. Se podría concluir que el estado seguiría prohibiendo las peores
drogas pero quizás esto es solo una expresión de deseo. Y finalmente rara vez
toman en cuenta las “externalidades” del uso de drogas. Su premisa del uso de
drogas como un “delito sin víctima” se contradice con la amplia variedad de
fuentes que remarcan su contribución a la violencia en las calles, la violencia
doméstica, el abuso de niños, maltratos en el lugar de trabajo y los enormes
costos de salud. Casi todos los opositores a la legalización apuntan a estos
factores externos como el eje central del problema y temen que estos podrían necesitar
de un estado aun más entrometido después de la legalización.
A pesar de los argumentos de los
defensores de la legalización de que el incremento en la provisión de drogas no
aumentaría el índice de adicción de la población, tenemos varios ejemplos
históricos que sugieren lo contrario. Según William Donohue, después de que los
británicos ganaran las Guerras del Opio en 1858 y forzaran a China a aceptar la
droga, las tasas de adicción en el Reino Medio (Middle Kingdom) subieron a casi
un tercio de la población. Por otro lado, también señala que las duras
penalizaciones impuestas para el uso de drogas en
El ex
Zar de la Droga, William Bennett, escribió: "por lo tanto, me parece que
según estos argumentos, los partidarios de la legalización no tienen la razón”.
Al analizar detalladamente sus argumentos, es difícil no llegar a la misma
conclusión. Ciertamente, muchos de los que atacan más vehementemente a los
defensores de la legalización lo hacen debido a las pérdidas personales que han
sufrido a causa de las drogas ilegales. Las numerosas omisiones y las fallas en
la lógica de los partidarios de la legalización parecen tan obvias que llevan a
pensar si no existen otras razones por las cuales tanta gente inteligente daría
su apoyo económico e intelectual a este movimiento. Si bien solo puedo
especular sobre este tema, creo que los reyes de la legalización representan
una parte de una nueva ola de amenazas a los gobiernos libres y limitados y al
capitalismo democrático. Y esta vez el estratega enemigo no es Lenin, sino
Gramsci.
¿Quiénes son los Reyes de
Algunos
grupos de expertos prestigiosos han apoyado la legalización, como el Instituto
Cato y sus responsables Ed Crane y David Boaz. Algunas de las autoridades
responsables del cumplimiento de la ley como el ex comisionado de la policía de
la ciudad de Nueva York Patrick V. Murphy, son abiertos partidarios de la
legalización; el mismo Murphy es parte de la junta directiva de la Drug Policy Foundation. Otros ex
funcionarios de alto perfil que han apoyado la legalización o que la comprenden
son George Schultz, ex secretario de estado, Mathea Falco, ex subsecretaria de
estado de asuntos de narcóticos internacionales durante la presidencia de
Carter, y David Condliffe, director ejecutivo de la DPF y ex “zar de la droga”
en la gestión del alcalde de Nueva York David Dinkins.
Y por último, poderosos grupos de interés público como el Sindicato Americano de Libertades Civiles (American Civil Liberties Union) han forjado alianzas con el movimiento y luchan activamente. Algunos políticos se han procurado un lugar destacado como defensores de la legalización, pero son escasos en número debido a las posibles repercusiones políticas. Figura entre ellos quien sigue siendo el más categórico defensor: el alcalde de Baltimore, Kurt Schmoke, juntamente con el diputado Barney Frank (D-MA). Lo que les permite ser tan categóricos es la imagen pública que ambos personajes proyectan: Schmoke se presenta como un negro académico de Rodas y gran alcalde, y Frank como un hombre que no oculta su homosexualidad y tiene gran influencia en el seno del partido demócrata.
No
obstante, la mayoría de los políticos que simpatizan con la legalización se
limitan a hablar de enfoques orientados a la demanda, y de "educación y
tratamiento". El punto neurálgico en el movimiento por la legalización de
la droga podría estar centrado en la ya mencionada DPF, con sede en Washington
D.C. Si bien suele autodefinirse como un grupo de expertos dedicados al estudio
del tema, no cabe duda de que se trata de un equipo a favor de legalización, a
juzgar por la falta de argumentos por la anti-legalización en la conferencia
realizada en Washington. La fundación recibe el aporte generoso de personas que
han hecho dinero en ocupaciones de alto perfil, y muchas prominentes
personalidades ocupan una silla en su consejo de asesores.
Según un artículo recientemente
publicado en el Wall Street Journal,
el Instituto Cato, un equipo de expertos comprometidos con el libertarianismo y
con sede en Washington, ha sido un viejo defensor de la legalización de la droga,
y ha mantenido su contacto con
En
definitiva, aunque la legalización pareciera haberse diluido bajo la marejada
social conservadora de las elecciones para diputados, no debemos descartar su
reaparición en un camuflaje más respetable. El vicepresidente del Instituto
Cato, David Boaz, pronunció un discurso en 1988, apogeo previo de la
legalización, en el que decía que pronto llegaría el día en que la masa crítica
se incline hacia la despenalización. Juntamente con Ed Crane, presidente de
Cato, Boaz ha sido un rotundo defensor de la legalización y, al igual que
Dennis, ha mantenido lazos informales con
El Sindicato Americano de Libertades
Civiles (ACLU, por su sigla en inglés) ha mantenido, durante mucho tiempo, su
interés en el tema de la legalización, y en cierta manera actúa como factor
aglutinante que mantiene unido al movimiento. Podemos observar conexiones
informales entre el ACLU y
La clave
radica en tratar de colocar el tema dentro de la agenda principal, pero
"pensamos que con Clinton y Lee Brown (el “zar de la droga” dentro del
gobierno) allí podíamos hacerlo, pero no fue posible". Tal vez amparado en
su coronación como "rey filósofo", Glasser concluyó con platónica
imparcialidad diciendo: "debemos hablarle a la comunidad negra, que [sic]
no comprende dónde radican sus intereses personales". También resulta
instructivo observar a algunos de sus donantes externos y las actividades a las
que se dedican. En la industria del entretenimiento, David Geffen, defensor de
la legalización, homosexual declarado, presidente del sello discográfico
“Geffen” y el hombre más acaudalado de Hollywood, mantuvo un perfil político
alto, especialmente desde la elección de Bill Clinton en 1992. Geffen se
enorgullecía de su buena relación con
En el mundo de las finanzas
internacionales, los aportes de George Soros al movimiento por la legalización
son potencialmente más significativos aún que la industria del entretenimiento.
Sus generosas donaciones a
Soros
puede ser un demócrata, pero siguiendo a Popper, no cree en los beneficios del
nacionalismo, a juzgar por su hostilidad para con el partido nacionalista
conservador de su Hungría natal. Su filantropía por
"La cultura estadounidense
contemporánea ha experimentado el desarrollo de un miedo profundo a la muerte y
al proceso de la muerte. El objetivo del Proyecto sobre
El mismo Soros explica los
proyectos del OSI y nos ayuda a comprender sus numerosos objetivos:
"El OSI administrará de manera directa los programas sobre investigación y educación pública como alternativas a la aplicación de la ley para abordar el problema de la droga en los Estados Unidos; la investigación y la educación pública son las vías para ayudar al moribundo a que llegue al final de su camino con dignidad, consuelo y liberado del dolor..."
La
oscura naturaleza de las operaciones lucrativas de Soros lo hacen,
sencillamente, pasible de sospecha en cuanto a sus buenas intenciones. Su Fondo
Quantum con sede en Manhattan, un fondo de cobertura que apuesta a la
devaluación de divisas nacionales y tiene oficinas en Curaçao para evadir las
normas de la Comisión de Seguridad e Intercambio (SEC por su sigla en inglés).
Naturalmente, la reacción de varios gobiernos y de importantes bancos de Europa
ante esa costumbre de perjudicarle las divisas ha sido rotundamente negativa.
Se lo responsabilizó de haber sacado a la libra británica del mecanismo de
ajuste cambiario en 1922, y de minar la confianza en otras divisas. A juzgar
por el poder y las influencias que ostenta, bueno es poner sus actividades bajo
la lupa. Es evidente que tiene ambiciosos propósitos, y no duda de que los
puede alcanzar. "Soy una especie de deus
ex machina", declaró en una entrevista para referirse a sus
actividades. "En cierta forma soy sobrenatural".
Soros ayudó al ex-profesor de Princeton Ethan
Nadelmann a establecer el Instituto Lindesmith en Nueva York,
constituido por un grupo de expertos dedicados al tema de la legalización.
Nadelmann, en su calidad de teórico sobre relaciones internacionales, ha
promovido con gran empeño una justificación que avale la legalización a nivel mundial.
Sus artículos aparecen en todas partes, desde revistas populares como Rolling Stone hasta publicaciones
académicas como Daedalus; todas ellas
se hacen eco de su mensaje fundamental sobre el daño causado por regímenes
prohibicionistas y reaccionarios. En un artículo que escribió en 1990 para la
prestigiosa publicación International
Organizations, describió la naturaleza de "los regímenes
prohibicionistas globales", que se dedicaban a prevenir la piratería, la
esclavitud o el narcotráfico. En el artículo, Nadelmann da a entender que el
consumo de drogas es un impulso normal y humano que no debe ser reprimido.
Concluye sugiriendo que la prohibición de estupefacientes está condenada al
fracaso porque es esencialmente impermeable a la aplicación de la ley.
Nadelmann es el modelo vivo de un intelectual gramsciano. En la conferencia de
El
discurso de Nadelmann fue un llamado gramsciano a las armas. Si bien no cabe
duda de que vivenció como un revés al llamado "martes negro" (el
triunfo republicano en el Congreso), él opina que el apoyo público a la
despenalización de la marihuana va en aumento y que los medios están haciendo
hincapié en "los males de la prohibición". Debemos seguir insistiendo
con que la prohibición es la raíz del problema, remarcó, y debemos también
seguir poniendo énfasis en el progreso realizado por los suizos y los holandeses,
entre otros, en su respaldo a la legalización. (Nunca mencionó los recientes
contratiempos en Europa). Y en una línea que tal vez señale el cinismo de este
movimiento, Nadalmann exclamó que "aun la negra bendición del SIDA nos
está ayudando a avanzar". Su estrategia fue clara: "Hagan que la
prohibición funcione en nuestros términos, no en los de ellos... Trabajen
dentro de la corriente dominante para direccionarla hacia el lado
correcto". Y al igual que sus compañeros disertantes, siguió con el tema
de que cualquier medida que tome el gobierno en cuanto a reducción de daños es
un paso hacia adelante en la legalización. El agente especial de
Mathea Falco, estratega en
defensa y ex-subsecretaria de estado para Asuntos Internacionales de
Narcotráfico durante la presidencia de Carter, trabaja casi involuntariamente
con el movimiento dentro de la corriente principal. Actual presidenta de un
instituto en Washington D.C. llamado Drug Strategies, Falco ha abogado por el
fin de los enfoques agresivos del lado de la oferta, priorizando más educación
y tratamiento. "La educación y el tratamiento", como medidas de
"reducción de daños", resultan ser también el mantra de los “reyes”
de la legalización. Falco aborda este razonamiento en un libro patrocinado por
el Twentieth Century Fund intitulado “Winning the Drug War” (Cómo ganar la
guerra contra la droga) y en un informe ampliamente publicitado de su
instituto, intitulado “Keeping the Score” (Cómo llevar la cuenta). La fuerza de
sus palabras pone las soluciones al problema de la droga en una falsa
dicotomía: ofrecer la interdicción o exigir la reducción, pero no ambas. Dado
que los esfuerzos en la oferta parecen no funcionar, es hora de pasar a la
exigencia. Es ésta una estrategia con notables imperfecciones, como bien podría
decirlo cualquier guerrero como Wayne Roques. De acuerdo con la literatura de
relaciones públicas, el instituto Drug Strategies, que tiene muy buenas conexiones,
recibe subsidio económico por parte de la ubicua Compañía Carnegie de Nueva
York,
Falco no
abandona del todo los esfuerzos de oferta u "ofensivos", pero sí los
debilitaría de manera considerable. En un artículo recientemente publicado en Daedalus, Falco aboga por menos
participación directa de los Estados Unidos en la interdicción de las drogas y
por una mayor cooperación internacional bajo la capa de las Naciones
Unidas.
"En
muchos sentidos, las Naciones Unidas pueden trabajar de manera más efectiva que
los Estados Unidos con los países proveedores de drogas", escribe.
"La opinión del mundo y los recursos canalizados a través de las Naciones
Unidas suelen tener más impacto que la presión bilateral porque son
políticamente más aceptables". Y en una declaración de la que
probablemente esté ahora arrepentida, expresó: "equipos de aplicación de
la ley de las Naciones Unidas podrían asistir a los gobiernos que piden ayuda
para atacar el narcotráfico, de la misma manera en que las fuerzas de paz de
las Naciones Unidas trabajan actualmente para poner fin a la lucha civil en
Yugoslavia y Camboya". Las sugerencias de Falco para desbaratar los esfuerzos
estadounidenses de interdicción de las drogas presentan parte de un coordinado
esfuerzo por parte de algunos escritores de relaciones internacionales para
negar el hecho de que la droga constituye una amenaza para la seguridad
nacional. Semejante revelación sería como una bofetada para respetados
estrategas como Mao Tse-Tung, que usaba narcóticos con gran efecto contra sus
enemigos nacionalistas y las fuerzas estadounidenses en el sudeste asiático.
Sin embargo, una reciente
publicación realizada por el Consejo de Relaciones Exteriores, el cual cuenta
con el respaldo de Rockefeller, intitulado “Definiendo
No obstante,
lejos de admitir que este problema de la droga puede representar una amenaza a
la seguridad de los Estados Unidos, estos mismos escritores han incitado a los
Estados Unidos a abandonar la lucha y concentrarse en la demanda. Un ejemplo de
esta tendencia actual lo constituye el libro de Rensselaer Lee publicado en
1989 “The White Labyrinth: Cocaine and Political Power” (El Laberinto Blanco:
Cocaína y Poder Político). En el corazón de este informe muy bien documentado
se erige la tesis de que los principales intereses estadounidenses para
promover el crecimiento económico, fortalecer la democracia e incluso luchar
contra las guerrillas marxistas se ven entorpecidos por el hecho de seguir con
esta guerra. Pinta un convincente retrato del trabajo hercúleo de luchar contra
los intrincados, decididos y bien preparados señores de la droga de Colombia y
Bolivia, pero no deja al lector con una idea clara de las alternativas de
política. Sin embargo, aunque no propugna la legalización como respuesta,
presenta en su conclusión un poderoso argumento a favor. A pesar de ello,
finaliza sugiriendo que los Estados Unidos estarían en mejor posición si
alentara el desarrollo político y económico y desplazara del centro la guerra
contra la droga. No obstante el veredicto tentativo de Lee, algunas prominentes
figuras de América Latina han dado un paso al frente para exigir la
legalización. El ex-fiscal general de Colombia, Gustavo de Greiff, se ha
pronunciado a favor de algún tipo de legalización en las páginas editoriales
del Washington Post. Su mensaje
contiene cierta seriedad por su manifiesto rigor en la lucha contra los
narcotraficantes en su país de origen. Por su "pronunciamiento" a
favor de la legalización, de Greiff se ha transformado en el gran personaje del
movimiento por la legalización y se hizo acreedor de un premio entregado por
A pesar del derrotismo y el sentimiento legalizador de muchos dentro de la comunidad latinoamericana de estudios, empieza a vislumbrarse una mayor determinación en los mismos latinoamericanos para librar la guerra contra la droga. Según James A. Inciardi, conocido vocero que se opone a la legalización, no existe un sentimiento significativo a favor de la legalización ni en Venezuela ni en Colombia; en cambio, esos países temen que los Estados Unidos vacilen en su compromiso con la lucha. Los crecientes temores sobre las "narcodemocracias" en Colombia y México por parte del ex-director de la DEA Joseph Toft y el investigador mexicano Eduardo Valle Espinosa pueden estar impulsando mayor resistencia a los narcotraficantes. Los presidentes Zedillo Ponce de León (México), Sánchez de Lozada (Bolivia) e incluso Samper (Colombia) están actuando de manera contundente, o al menos muy publicitada, contra el narcotráfico debido a la corrupción que ha causado en los sistemas políticos. Además, es de esperar que estas acciones continúen a medida que los latinoamericanos tomen mayor conciencia del creciente aumento en el consumo de drogas en sus países. Claro está que los latinoamericanos ven a las drogas como una amenaza a la seguridad y como una amenaza de que los beneficios económicos del NAFTA pueden extenderse por toda la región.
Capturar la cultura
La
estrategia del intelectual gramsciano es declarar su guerra dentro de las
superestructuras de la sociedad civil, en otras palabras, capturar la cultura.
Esto puede realizarse a través de los medios y fuentes académicas, como se vio
anteriormente, pero también a través de formas de entretenimiento. Cuando nos
damos cuenta de ello, los cambios que han ocurrido en la cultura popular en las
últimas cuatro décadas se tornan más comprensibles. Resulta difícil no notar,
por ejemplo, hasta qué punto el tema de la droga ha dominado el cine y la
música popular a partir de los años 60. También cuesta imaginar un aspecto del
lado oscuro de la cultura popular que haya sido expuesto en mayor detalle que
la cultura de la droga. Actores, músicos y otras personalidades que han
sucumbido a la adicción, e incluso a la muerte, no inspiran lástima, sino que
son expuestos por los medios. En talk
shows cuentan con lujo de detalles sus historias con las drogas y cómo
luego lograron "zafarse". La intención del mensaje es poder disuadir
al público en el consumo de drogas, aun cuando haya un mensaje subyacente por
el cual las personalidades glamorosas y atractivas disfrutaron un largo tiempo
y luego pudieron dominarse sin que se les moviera un solo pelo de lugar.
El profesor de derecho de
Quizá no
sorprenda que los profesores de
Difícil de sintonizar por ondas radiales, este mensaje que normaba el consumo de drogas logró llegar a más jóvenes con el advenimiento de la televisión por cable y la televisión musical (MTV) a fines de los años 70 y principios de los 80. Según Gandee, muchos de los videos musicales de MTV adoptan una actitud "libre de valores" frente al tema de las drogas. La nueva tendencia que él nota, no obstante, es cómo la cultura de la droga está empezando a penetrar en la industria de la moda, y que algunas modelos famosas y admiradas por las jovencitas han admitido públicamente el consumo de drogas, ante lo cual se muestran indiferentes. Rolling Stone, la conocida revista de la contracultura de la "corriente dominante", dedicó su edición de mayo de 1994 al tema de la legalización de las drogas. En ella se destacó un artículo con la co-autoría de Ethan Nadelmann y el sibarita editor de la revista, Jann Wenner, que previsiblemente condenaba "la fútil guerra contra las drogas". Otros colaboradores describieron a las drogas como meta-anfetaminas de cristal ("hielo"), que es un peligroso estimulante, en un estilo típicamente "libre de valores". Este es el mensaje que las revistas de circulación masiva transmiten a su joven público. Pero Rolling Stone no es la única culpable.
Scholastic Update, revista diseñada como herramienta de enseñanza sobre
hechos de actualidad en las escuelas secundarias, nos muestra otra manera en
que los jóvenes pueden ser condicionados para un nuevo "sentido
común". En su artículo intitulado “¿Dónde estás parado?” (Where Do You
Stand?) bien podemos encontrar un argumento altamente tendencioso a favor de la
legalización. El artículo transcribe las palabras más relevantes dichas por
adolescentes en cuanto a que la marihuana es inocua, y también describe las
“modas" de la marihuana. Además, enumera varios artistas de televisión y
músicos de rap que han consumido y disfrutado de la marihuana en sus
espectáculos. Obviamente, los únicos opositores a la legalización citados en
este artículo son densos políticos. Dos libros recientes escritos por críticos
de cine han hecho hincapié en la disposición de Hollywood por difundir las
normas y los valores de la contracultura dentro de la cultura tradicional establecida.
De los dos, “Hollywood vs America” de Michael Medved sea tal vez más optimista
en cuanto al deseo de Hollywoood por cambiar su mensaje a fin de corresponderse
más de cerca con las actitudes públicas. Si bien menciona al vehículo estelar
“Tequila Sunrise” de 1988 como poco usual en su descripción de narcotraficantes
carismáticos y románticos, otras películas más recientes han puesto énfasis en
un mensaje anti-drogas. Richard Grenier es más pesimista, y realista, sobre las
intenciones de Hollywoood sobre Capturar
¿Qué tienen en común estos
“Reyes” de la legalización?
En un folleto informativo de
No cabe
duda de que todas estas motivaciones describen a ciertas personas dentro del
movimiento, pero de ningún modo se trata de una lista completa. Es una
tentación tratar de encontrar el denominador común que une a todos quienes
tienen especial interés en ver triunfar al movimiento por la legalización. No
es esta tarea fácil, pues no todos los que participan en el movimiento tienen
el mismo objetivo en mente. Bien puede ser que se celebren muchos
"matrimonios por conveniencia" con el fin de lograr propósitos
limitados; por ejemplo, los asistentes a la conferencia de
Su Fundación de Policía recibió
en los años 70 los aportes de
Aunque
defensor de una policía nacional, claro está que su defensa no se extiende a
algunas prácticas que actualmente se realizan. Las fundaciones exentas del pago
impositivo son protagonistas ocultos dentro del movimiento por la legalización.
No sólo advenedizos como
Tal como se mostró en la
conferencia de
Éste es el final gramsciano. Si tienen éxito, destruirán la capacidad de gran parte de la población para poder cuidarse a sí misma siquiera, y mucho menos para participar en una democracia deliberativa o en una economía de mercado. La clase media y la clase trabajadora, guardianas del sistema, se verán doblemente afectadas: un gran porcentaje sufrirá el daño causado por las drogas, y el resto se verá forzado a costearles la asistencia. Este panorama no debe verse como una teoría conspirativa. Estos grupos distintos que anteriormente se mencionaron tienen intereses comunes. A fin de cuentas: 1) desprecian las normas judeo-cristianas tradicionales de nuestra cultura, y 2) quieren proponer soluciones estatistas para todos y cada uno de los problemas. Pero no es necesario que conspiren; los intereses que comparten los une de manera natural. Quienes desean combatir a los “reyes” de la legalización deben elevar el nivel del debate a una cuestión moral. Tal como nos lo recuerdan los antiguos pensadores, la felicidad supone la posesión de cuatro virtudes esenciales: valor, prudencia, templanza y justicia. El consumo de drogas pone en jaque todas estas virtudes, pues acerca al ser humano a la categoría de bestia, lo transforma en una criatura que sólo piensa en satisfacer los deseos físicos. Si creemos en la noción clásica de la política como la búsqueda del régimen bueno, y de la filosofía como la búsqueda de la vida buena, no llegaríamos tan fácilmente a la conclusión de que ambas cosas pueden lograrse con un mayor acceso a sustancias que alteran el pensamiento.
Dejando a un lado la sabiduría de los antiguos pensadores, los “reyes” de la legalización son los descendientes espirituales de los utilitaristas Jeremy Bentham, Karl Marx y Sigmund Freud, quienes redujeron al hombre a meros manojos de deseos idiosincrásicos, materialistas y sexuales. Pero también nos vuelve a llevar a la tradición pre-socrática de los sofistas, que enseñaban a poner la retórica por encima de la razón. Resulta dudoso si la democracia concebida bajo esta concepción filosófica podría hoy sostenerse como lo hacía en la época de los sofistas. El estado de legalización que describen sería un lugar inapropiado para el hombre, y sí lo sería sólo para los dioses y las bestias. Por lo tanto, en la lucha contra la "contra-hegemonía" de los defensores de la legalización, deberíamos primero conocer el alcance del movimiento, su potencial para causar daños, y su posible agenda -el final gramsciano. La exposición de las distintas partes interconectadas del movimiento es clave en esta lucha, junto con la ridiculización de sus argumentos abstractos. Esto obligará a los “reyes” de la legalización a salir de su cómoda "guerra de posición" para pasar a una peligrosa "guerra de maniobra" que saben no podrán ganar. Debemos siempre rechazar la idea de que la legalización es una mera elección de política pública, y debemos seguir haciendo hincapié en que ésta es una batalla moral por la vida de nuestros hijos y por el alma de una sociedad buena. La guerra de la cultura puede ganarse, pero solamente si conocemos al enemigo.
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Bibliografía y fuentes de consulta:
Según el agente especial de la DEA, Roques, Eric E. Sterling le brindó esta información a Elders. Sterling es coordinador de la National Drug Strategy Network (Red Nacional de Estrategia contra la Droga) y presidente de la Criminal Justice Policy Foundation (Fundación de Políticas de Justicia Penal) con sede en Washington, D.C. El hecho de que la Drug Strategy Network está a favor de la legalización es indiscutible y ha sido confirmado por Steven B. Duke en America' s Longest War (La guerra más larga de Estados Unidos) (New York: 1993) p. 275. Antonio Gramsci describe al "sentido común" como la manera tradicional y popular de ver al mundo. Ver su publicación The Modern Prince in Prison Notebooks (Cuadernos del príncipe moderno en prisión) (International Publishers: 1971) p. 134, 197. Según David Forgacs en su publicación An Antonio Gramsci Reader, (New York: 1988) existen elementos de verdad y falsedad en el sentido común que deben ser contrapuestos en la lucha por una contra-hegemonía p. 421.
Para leer las posturas de Gramsci sobre "Guerra de maniobras” y “Guerra de posiciones” ver:
Forgacs, pp. 224-228.
Para leer la declaración de normas de legalización en los Países Bajos, ver:
"The Dutch Model" en New Perspectives
Quarterly (Verano 1989) pp. 40-5.
"Drug Floodgates Open, Inundating the
Dutch," New York Times (20 de abril, 1994).
"Soft Drugs, Hard Time for Policy Gone to
Pot," The Guardian (9 de marzo, 1993]
Para leer sobre el lugar que ocupan los Países Bajos en la red internacional de narcotráfico, ver:
Claire Sterling, Thieves' World (New York:
1994).
"Swiss Back Crackdown on Illegal
Immigrants," New York Times (5 de diciembre, 1994) ," Heaven or
Hell--Report from
Daniel M. Perrine, European Cities Against
Drugs (7 de noviembre 1994)
"The View from Platform Zero: How
Para leer sobre respuestas del alcalde de Baltimore, Kurt Schmoke, ante los argumentos de la legalización, ver:
"Drug Legalization--Catastrophe for Black Americans" Sesión ante el Select Committee on Narcotics Abuse and Control (Comité selecto para abuso y control de narcóticos), Casa de los Representantes, viernes 16 de septiembre de 1988.
Mis resúmenes sobre los argumentos de la legalización fueron extraídos de:
Drug Legalization: For and Against (
Los panelistas de la conferencia en la Drug Policy Foundation y la gran cantidad de artículos de periódicos y revistas sobre el tema:
William A. Donohue Twilight of
Para obtener más información sobre los efectos del opio en la población china, ver The Chinese Opium Wars (London: 1975) de Jack Beeching's
"Use of Drugs by Teenagers 'Getting
Worse'" Washington Post (13 de diciembre, 1994) A17.
Evans and Berent, eds. Drug Legalization: For
and Against p. 226.
El congresista Frank fue un disertante destacado en la VII Conferencia Anual de la Drug Policy Foundation. Durante su discurso, mencionó que los “legalizadores” no deben auto-engañarse con respecto a la popularidad de la legalización entre la población en general; los electores rechazan la despenalización y no habrá apoyo por parte del congreso para tomar medidas de legalización a menos que haya un cambio radical en la opinión pública.
Me lo informó el periodista Leo Scanlon, mediante una entrevista telefónica, el 1º de diciembre de 1994.
Según la literatura de
"Everything You Always Wanted to Know
About the Drug Policy Foundation," [n.d.] Drug Prevention Newsletter
Committees of Correspondence.
"Cato Institute's Influence Grows in
Washington As Republican-Dominated Congress Sets Up Shop," Wall Street
Journal (14 de diciembre, 1994) A16.
"The Legalization of Drugs" by David
Boaz, ponencia en el Drug Policy Forum, Washington D.C. 27 de abril de 1988.
Vital Speeches of the Day (15 de mayo, 1988) p.
658.
Doug Bandow, " Mandatory Minimum Terms
Short on Justice," The Detroit News (3 de septiembre, 1991) A6. William A
Donohue The Politics of the American Civil Liberties
Bernard Weinraub, " David Geffen: Still
Hungry," The New York Times Magazine (2 de mayo, 1994) p. 28, 40.
Cynthia Cotts, "Smart Money" Rolling
Stone (5 de mayo, 1994). El artículo de Cotts, aparentemente un
reportaje, era extremadamente favorable hacia el movimiento de la legalización.
Su data decía simplemente que ha cubierto temas sobre drogas para The Nation y
The Village Voice. También debería haber dicho que es parte del personal de
El profesor de Harvard, Mark Kleiman, quien apoya la legalización, afirmó en un artículo sobre la DPF: "La DPF ha sido realmente efectiva en la continuación de la lucha contra la droga. Han propuesto que se elija entre la legalización o la guerra contra la droga y eso hace que la decisión de los estadounidenses sea fácil: Están en contra de la legalización". En otras palabras, el apoyo de Soros puede ser un esfuerzo para lograr que la DPF entre en la guerra de la posición.
Brendan Murphy, " The Unifying
Theme,"
Lyle Crowley, "George Soros" The New
York Times Magazine (3 de abril, 1994) p. 28.
OSI Report (Verano 1994). George Soros
"The Soros Foundations Network" (Febrero 1994) p. 8.
"George Soros--Talkative," The
Economist (7 de agosto, 1993) pp. 66-7.
"Should We Legalize Drugs? History Answers. Yes." American Heritage (Febrero/ Marzo 1993).
Ethan A. Nadelmann, "Global Prohibition
Regimes: The Evolution of Norms in International Society" International Organizations
(Agosto 1990) p. 483-525.
Mathea Falco, " Foreign Drugs, Foreign
Wars," Daedalus (Verano 1992) p. 10.
Joseph D. Douglass, Jr. Red Cocaine (Atlanta,
GA: 1990) pp. 1-2.
Joseph J. Romm, Defining National Security (
Jorge G. Castaneda y Robert A. Pastor, Limits
of Friendship: The
Dos ejemplos del tema “derrotista” son:
Kate Doyle, "The Militarization of the
Drug War in
Donald J. Mabry, ed. The Latin American
Narcotics Trade and
Fuentes adicionales:
Gustavo de Grieff, "The Coke King
Compromise," Washington Post (13 de marzo 1994) C1.
Entrevista telefónica con James A. Inciardi, 30 de noviembre, 1994.
The Geopolitical Drug Dispatch (Noviembre 1994)
p. 3.
Sobre Valle, ver Daniel James
"Narcodemocracy Menace?" The
Para leer sobre la adicción en latinoamérica ver "U.S. Bound Cocaine Increases Drug Use Among Mexicans," Washington Post (21 de octubre, 1994) A31.
Ver también: Lee, The White Labyrinth p. 108.
Steven B. Duke
Entrevista telefónica con el
periodista Leo Scanlon, 1º de diciembre 1994. Ibid., p.p 157-8.
Myron Magnet, The Dream and the Nightmare: The
Sixties Legacy to the Underclass (New York: 1993).
Charles Gandee " Under the
Influence," Vogue (Marzo 1994).
Ethan Nadelmann and Jann S. Wenner "
Toward a Sane National Drug Policy," y Anthony R. Lovett, "Wired in
California" Rolling Stone (5 de mayo, 1994) pp 24-26, 39-40.
Herbert Buschbaum "Where Do You
Stand?" Scholastic Update (6 de mayo, 1994) pp. 8-11.
Michael Medved, Hollywood vs
Richard Grenier, Capturing the Culture
(Washington, D.C.: 1991) pp xliv, xlv.
How to Hold Your Own in the Drug
Legalization Debate, Departamento de justicia de los Estados Unidos, documento
no publicado, 1994. En
Conversación telefónica, 16 de diciembre 1994.
McIlhany The Tax Exempt Foundations (Westport, CT: 1980) p. 171.
Patrick Murphy " The War on Drugs is Over
(Drugs Won): What to Do Now," Washington Post (4 December 1994) C3.
McIlhany The Tax Exempt Foundations, p. 174.
Rachel Ehrenfeld " Retreating in the War on Drugs," Washington Times (28 de febrero, 1995) Ehrenfeld hace notar que las fundaciones Ford y MacArthur también han financiado proyectos en contra de la legalización.
Enrique Rueda The Homosexual Network (Old
Greenwich, CT: 1982) pp 402-3.
Para informarse sobre las conexiones entre la red de homosexuales y la educación sexual, ver
Jacqueline Kasun, The War Against Population
(San Francisco, 1988) pp 95-114.
Steve Taravella "Healthcare recognizing
gay and lesbian needs," Modern Healthcare (9 de noviembre, 1992) pp.
33-35.
Leo Strauss " What is Political
Philosophy?" The Journal of Politics (Primavera 1958)