Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Noviembre 11 de 2005
Cumbre de las Américas
REFLEJOS DE UN
PAÍS ADICTO
Si
comparáramos a la República Argentina con un adicto a las drogas, notaríamos
algunas similitudes:
El adicto se
pone irrazonablemente rebelde con quien le ofrece ayuda
El
adicto ataca todo lo que tenga que ver con el orden
El adicto
destruye las cosas propias y a su gente
El
adicto es desprolijo y se ufana de ello
El adicto trata
a los demás como estúpidos, salvo a otros adictos
El
adicto busca problemas siempre
El adicto roba
los ahorros de sus familiares
El
adicto vende las joyas de su abuela para consumir
El adicto ama
el peligro y desprecia la seguridad
El
adicto es soberbio, egocéntrico y perezoso
El adicto responde con ira a
las sugerencias y consejos de quienes tratan de ayudarlo.
El
adicto venera al rey de la cocaína
El adicto
siempre le hecha la culpa a los demás de los problemas que
ocasiona
El adicto
piensa una cosa, dice otra y hace otra totalmente distinta
El
adicto miente y se convence de sus mentiras
El adicto no
puede sostener ningún proyecto en el tiempo
El
adicto solo se junta con gente autodestructiva
El adicto
promociona el uso de drogas y se alegra cuando otros lo
hacen
El
adicto cuida a su proveedor de drogas
El adicto no desea saber de
cuestiones espirituales y desprecia a sus representantes
Un
adicto debe trabajar sobre sus propios defectos de carácter para poder
recuperarse. Pasar de la soberbia a la humildad, cambiar la ira por la
aceptación de la realidad, dejar la pereza de lado, abandonar la lujuria y ser
menos avaro, son caminos insoslayables en el rumbo de la recuperación personal o
si se quiere de la propia República Argentina.
Claudio
Izaguirre
Presidente
Asociación Antidrogas de la República
Argentina
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